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Epidemia de cáncer amenaza América Latina

Por Mauricio González

Conocer qué está haciendo el Ministerio de Salud (MINSAL) para prevenir cualquier tipo de cáncer debe ser una prioridad en la agenda de toda organización o consejo médico de salud, sindicatos, estudiantes, cotizantes y ciudadanía en general.

La enfermedad consume buena parte del presupuesto asignado para salud en tratamientos estándar, que con el avance de la nueva tecnología se están poniendo en duda. Las cirugías invasivas y poco efectivas, fármacos costosos y aparatos de quimioterapia contaminantes pueden llegar a costar cantidades arriba de los seis dígitos.

Hace algunos días, el Grupo Latinoamericano de Cooperación Oncológica (LACOG) difundió un escalofriante informe donde señala que para 2020, en América Latina, se diagnosticarán anualmente 1.7 millones de personas con cáncer y que 1 millón morirá al año por la misma causa.

Ante este panorama, el Ministerio de Salud debe replantearse su estrategia contra la enfermedad y no solo destinar recursos para el tratamiento paliativo que no ofrece ninguna posibilidad real de mejoría en los pacientes, sino apostarle a la prevención con campañas de concientización para detectar a tiempo la enfermedad, talleres de alimentación saludable, reducción del estrés, actividad física y que en conjunto con el Ministerio de Educación promuevan dichos cursos con los estudiantes. Prevenir la enfermedad no solo es negocio para los ciudadanos, sino también para el Gobierno puesto que sin duda ahorraría millones en el gasto de salud.

En este contexto surge un proyecto de ley que regule la utilización de preservantes y otras sustancias químicas nocivas para la salud encontradas en la comida que ingiere el salvadoreño de a pie. Entre ellos el bromuro, que hasta hace poco estaba presente en el pan fabricado en pequeñas panaderías. Ese mismo proyecto de ley debería también regular el consumo de comida chatarra en los centros escolares, como ya están haciendo países del primer mundo, obligando a las cafeterías a distribuir comida saludable y a eliminar de sus estantes frituras, harinas procesadas que a largo plazo ocasionan problemas de obesidad y la consiguiente probabilidad de desarrollar cáncer.

El rol del MINSAL debe ser el de la prevención con programas adecuados en esta materia y el del mercado debe ser acoplarse a las nuevas tendencias de consumo, ofreciendo nuevas alternativas saludables a los consumidores; medidas que golpearán la industria de la salud asociada al cáncer. Hoy por hoy son más las personas que viven de la enfermedad que quienes la padecen.

En la actual crisis financiera mundial, la elevada deuda externa por la que atraviesa El Salvador, inflación, huelgas de sindicatos, amenaza a las pensiones y bajo crecimiento económico sin duda ocasionará a largo plazo una profunda crisis en el sistema de salud, sistema ya de por sí deficiente y burocrático. Sumado a factores como el calentamiento global, dietas deficientes, alto consumo de grasa, harina y azúcar, vida sedentaria, altos niveles de estrés, poca educación en el tema, exposición a la radiación y ambientes contaminantes, poca o nula prevención de la enfermedad son una bomba de tiempo para que la población salvadoreña de al menos tres generaciones en el presente siglo XXI se enfrente a una epidemia de cáncer.

* Esta columna fue publicada por primera vez el 05/05/2013 en La Prensa Gráfica y republicada en MedioLleno.SV

Células madre, presente y futuro de la medicina

Por Mauricio González

El siglo XXI inició. Período histórico que trae consigo una revolución científica y tecnológica nunca antes vista en la historia de la humanidad y que permea diferentes áreas del conocimiento que poco a poco van evolucionando hasta convertirse en beneficios cotidianos para el humano promedio.

En el campo médico, la punta de lanza para este siglo comienza a esbozarse, tal como sucedió con la penicilina durante el siglo XX, el tratamiento con células madre de la mano con la genética promete ser el nuevo paso de la medicina moderna.

Puede imaginarse que a través de la grasa de una persona adulta puedan extraérsele una serie de células y que posteriormente estas células sean convertidas en cualquier tipo de tejido humano, pudiéndose transformar en tejido cerebral, renal, cardíaco, pancreático y de cualquier otro tipo para después administrarlas al mismo paciente y obtener resultados eficaces en una amplia diversidad de enfermedades degenerativas, como esclerosis múltiple, Alzhéimer, Parkinson, leucemia, diabetes. Algunos doctores son más audaces al sugerir que las células madre podrían utilizarse en terapias contra diversos tipos de cáncer, personas parapléjicas, entre otras.

La investigación de las células madre se mantuvo estacanda en Estados Unidos, uno de los principales desarrolladores de esta tecnología, por prohibición del expresidente George W. Bush; Barack Obama levantó la prohibición y posteriormente la Food and Drug Administration (FDA) avaló una serie de experimentos para diferentes enfermedades.

Debemos reconocer que la historia de la medicina es la historia del rechazo al cambio, muchos de los mayores descubrimientos en el campo médico inicialmente fueron rechazados por la comunidad científica y tuvieron que pasar décadas y en ocasiones siglos para ser aceptados como un tratamiento válido y eficaz contra muchas enfermedades. Ignaz Semmelweis, médico europeo del siglo XIX que nació dentro del Imperio Austro Húngaro, fue despedido del hospital donde trabajaba por pedirle al personal de maternidad que lavara sus manos antes de atender un parto. Misma suerte corrió Jacques Cartier al sugerir que la vitamina C curaba el escorbuto; Joseph Goldberger con la pelagra, y más recientemente Stanislaw Burzynski y sus antineoplastons, entre otros.

Históricamente, la implementación de nuevos tratamientos se ha visto obstruida por la arrogancia médica de muchos doctores –no todos– quienes únicamente siguen un libreto escrito y martillado dentro de las universidades y que rigen su práctica profesional por los designios de su comunidad médica. Eso los hace perder el afán innovador de los primeros grandes médicos.

Por otro lado se encuentra el dogmatismo impráctico de la iglesia que se guía por escritos anacrónicos y que no acepta la implementación de tratamientos eficaces que podrían mejorar la calidad de vida de millones de personas, concretamente la utilización de células madre embrionarias.

Este es pues el precoz siglo XXI, período histórico que está marcado por la genética, rama de la ciencia que sin duda continuará reinventándose y realizando tratamientos más audaces para enfermedades que hoy por hoy son sinónimo de muerte.

Este siglo traerá consigo tratamientos médicos y de belleza a base de células madre que probablemente serán vendidos en farmacias y serán capaces de regenerar órganos y funciones de nuestro cuerpo. Pero estos adelantos deben ser democratizados, es decir, bajar precios.

* Esta columna fue publicada por primera vez el 31/03/2013 en La Prensa Gráfica y republicada en MedioLleno.SV