Netanyahu pierde terreno

Por Mauricio González

Encontrar una solución diplomática a la cuestión nuclear iraní es uno de los principales retos que mantiene la comunidad internacional a través del Grupo 5+1 y Teherán, un acuerdo que tiene el potencial de cimentar las bases para la estabilidad en el Oriente Medio durante el siglo XXI. Alcanzar el consenso internacional a través del 5+1 y Teherán –Rusia, Estados Unidos, China, Francia, Reino Unido más Alemania e Irán– pasa por una serie de obstáculos planteados por Israel a través de su primer ministro, Benjamín Netanyahu, y de su canciller Avigdor Lieberman, quien durante este mes volvió al cargo después de renunciar en 2012 para enfrentar un juicio por corrupción y abuso de autoridad.

Para entender las rondas de negociaciones del 5+1 y Teherán hay que poner en perspectiva los fracasos diplomáticos de Netanyahu, que pasan por el acercamiento que Estados Unidos ha vuelto a tener con la República Islámica de Irán después de la crisis de los rehenes en 1980, la apertura mostrada por la Unión Europea a las negociaciones, el apoyo de China y Rusia al país persa. Esta serie de fracasos han sido influenciados por la llegada al poder de Hassan Rouhani a la presidencia de Irán, figura conciliadora que se ha desmarcado de la retórica belicista de su predecesor Mahmoud Ahmadineyad y quien ha entablado simpatías con Washington, que para pesar de Netanyahu han sido bien recibidos por Obama.

A mediados de octubre Netanyahu declaró frente a La Knéset –parlamento israelí– que desconocería cualquier acuerdo al que llegara el 5+1 y Teherán, “la propuesta que se está discutiendo ahora supone un acuerdo pésimo. La comunidad internacional aflojaría las sanciones contra Irán por primera vez en muchos años sin pedirle que desmantele siquiera una sola centrifugadora”; la influencia de Israel en la zona ha sido detenida por industria militar de Irán, país que juega un importante papel en la estabilidad del Oriente Medio, pero que constantemente es atacado y difamado por el “mainstream” occidental con raíces en el lobby sionista. La esencia del pacto del 5+1 y Teherán consistiría en que los iraníes detendrán el avance de su programa nuclear, retrocederían en algunos aspectos que los acerca de tener el arma atómica y estarían sujetos a inspecciones más rigurosas, a cambio la comunidad internacional permitiría el uso pacífico de la energía nuclear y se levantarían algunas sanciones económicas impuestas a la economía iraní. Washington habla de acercamientos con Teherán, pasando por encima del Gobierno de Israel, quien ya no tiene el protagonismo que había logrado con George W. Bush y que no es considerado un interlocutor válido. Lograr un acuerdo definitivo significaría la estabilidad en la zona, pero bajo la lectura ortodoxa lograr un acuerdo significaría el estancamiento de la influencia israelí y una posible guerra en Oriente Medio, que a su vez desencadenaría una guerra generalizada. El principal obstáculo planteado en la tercera ronda del 5+1 y Teherán yace en la negativa francesa de mantener una postura independiente. Las posturas pro israelíes del canciller francés Laurent Fabius impidieron que se alcanzara un acuerdo durante las conversaciones anteriores. Lo cierto es que Israel poco a poco ha ido debilitando sus relaciones con Washington, que en buena medida han sido ocasionadas por la actitud belicista de Netanyahu, que busca arrastrarlos a una guerra continua.

* Esta columna fue publicada por primera vez el 24/11/2013 en La Prensa Gráfica

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