La Isla Conejo y un escuadrón de KFIR israelitas

Por Rafael Ángel Alfaro Pineda, ex-Vicecanciller de la República de El Salvador

A mediados de 1997, en mi calidad de Embajador de El Salvador en Israel, fui invitado a un almuerzo por parte del presidente de las Industrias Aéreas Israelíes en la sede de esa empresa, situada en Lod, cerca del aeropuerto internacional de Tel Aviv. En el trayecto desde Jerusalén, donde estaba en ese tiempo localizada la embajada de nuestro país, aproveche para informarme más sobre dicha institución, que durante la historia del Estado de Israel ha sido un baluarte en la defensa de esa admirable nación.

A mi llegada, procedimos a un recorrido por las instalaciones, habiendo tenido la oportunidad de observar el proceso de repotenciación de varios aviones MIG y Phantom de la Fuerza Aérea de Turquía; abordar el jet privado Galaxy que estaba listo para ser comercializado con la marca Gulfstream; así como apreciar los primeros modelos de aviones manejados a control remoto, conocidos como “drones”, los cuales parecían muy convenientes para vigilar nuestro mar territorial permanentemente. Sin embargo, dichos aparatos eran, al igual que la diplomacia, la primera línea de defensa del país, la cual debía de estar complementada luego por una retaguardia disuasiva, preparada para el peor escenario. Lo anterior nos llevó a abordar otro tema, relacionado con la disponibilidad de aviones de combate.

Aunque no soy un experto en cuestiones de defensa, sino entrenado en negociación y prevención de conflictos, también he aprendido en casi un cuarto de siglo en la diplomacia, que las realidades no pueden ser hechas a un lado, sin enfrentar posteriormente las consecuencias.

Durante el almuerzo, los ejecutivos israelíes demostraron su vasto conocimiento de la situación de nuestra Fuerza Armada, especialmente de nuestra Fuerza Aérea, abordando entonces las capacidades disuasivas limitadas de nuestros vetustos aviones A-37, los cuales todavía son parte de nuestro arsenal actual. Cumpliéndose el precepto de que ninguna invitación a almorzar es gratis, la oferta no se hizo esperar, proponiendo que nuestro país comprara un escuadrón de aviones KFIR, de fabricación israelí, con lo cual estaríamos preparados para mantener la paz en nuestras fronteras.

El KFIR una versión modificada del Mirage 5, de fabricación francesa, fue diseñado y entró luego en servicio en la Fuerza Aérea Israelí en 1975, luego del embargo de armamento ocasionado por la Guerra de los Seis Días en 1967, que no le permitió a Israel recibir 50 cazas Mirage que habían previamente ordenado y cancelado a Francia.

Durante un rato, escuchando las bondades y conveniencia de dicho avión, mi curiosidad me llevaba a adelantarme mentalmente sobre lo que yo consideraba lo más importante, así como el seguro obstáculo para la posible compra de estas maravillas tecnológicas, que estaban siendo substituidas en Israel por aviones más modernos, los F-16 y F-18, de fabricación estadounidense.

Sin embargo, llego el momento de formular la pregunta más difícil, solicitando el precio de estos aparatos, los cuales bordeaban regularmente los US$20 millones por unidad. La respuesta me dejo estupefacto, pues no creía lo que mis oídos escuchaban en ese momento. Se nos ofrecían 10 aviones de combate, con sus motores e instrumentos como nuevos, a un precio que era la mitad de lo que valían tan solo uno de estos artefactos. El precio era de US$1 millón por unidad, pagaderos de la manera que nosotros deseáramos, sin intereses.

Debido a mi sorpresa, volví a formular la pregunta sobre el precio, recibiendo de nuevo la misma respuesta, agregándose la razón por la cual se nos ofrecían dichos aviones a ese monto, siendo esto por ser uno de los únicos dos países del mundo, junto a Costa Rica, que tenían su embajada en Jerusalén en ese tiempo. Al terminar el almuerzo me comprometí a mandar el informe a San Salvador al próximo día, pero antes de despedirme me condujeron a un espacio donde trabajaban una docena de técnicos en instrumentos de vuelo, haciéndome ver muy sutilmente, que estaban en el proceso de modernización de la Fuerza Aérea de Guatemala.

La mañana siguiente, al llegar a mi oficina luego de un desayuno de trabajo, ya estaba sobre mi escritorio la oferta de los KFIR, la cual en su portada tenia a un avión de estos despegando, ataviado ya con los símbolos de la Fuerza Aérea Salvadoreña. Dicho informe fue remitido al entonces presidente de la República, Armando Calderón Sol, así como al Ministerio de Relaciones Exteriores y al de la Defensa Nacional, recibiendo luego las instrucciones de responder que nuestro país no estaba interesado en la oferta. La falta de visión hizo, una vez más, que se perdiera desgraciadamente una oportunidad que no volvería a regresar.

En este momento, países como Honduras, que se escudan en la superioridad de su fuerza aérea para amenazar la paz en Centroamérica con la anexión ilegal de territorio salvadoreño, como es el caso de la Isla Conejo, en el Golfo de Fonseca, sabiendo que estaríamos preparados adecuadamente, para cuando se agotaran los recursos por la vía diplomática, poder defender la integridad de nuestro territorio. Cabe agregar que esta invasión de nuestra pertenencia territorial, no es solo una situación relacionada a la campaña presidencial en Honduras, como siempre se asegura cuando surgen estas provocaciones, sino que es un desafío real a nuestra soberanía.

La primera línea de defensa de un país es su servicio diplomático, siendo una grandísima desventaja en la actualidad que el nuestro este conformado en su mayoría por inexpertos activistas partidarios, en lugar de diplomáticos profesionales, entrenados para enfrentar estas situaciones cruciales. Ya debería de haber solicitado El Salvador la intervención del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas, en lugar de darle más largas a un asunto que puede convertirse en un amargo problema para la región. Sin embargo, cualquier esfuerzo que realice esa primera línea de defensa, debe de estar apoyada siempre por una institución armada eficiente y moderna, dotada de las mejores herramientas disuasivas posibles, para alejar las amenazas foráneas y mantener la paz en nuestras fronteras.

Con una amenaza real frente a nosotros, ha llegado la hora de volver a tener una cancillería seria y preparada, además de la modernización verdadera e integral del equipo de nuestra Fuerza Armada, dejando a un lado la politiquería y pensando en la necesidad primordial que significa la defensa de la patria.

Esta columna fue publicada por primera vez el 3/9/2013 en Diario Latino

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