El Salvador debe reconocer a Palestina

Por Mauricio González

Históricamente El Salvador ha sido destino de miles de inmigrantes árabes palestinos que en su mayoría llegaron al territorio nacional en la primera mitad del siglo XX huyendo de cruentas guerras en Oriente Medio, familias que han tenido participación destacada en empresas y la política y forman parte de la historia salvadoreña; sus empresas generan empleos, y los ciudadanos, impuestos para el Gobierno.

Y por muchas razones más el Ministerio de Relaciones Exteriores tiene a cuestas una difícil decisión de voto cuando el próximo 20 de septiembre la Autoridad Nacional Palestina (ANP) solicite ante la Asamblea General de la ONU su ingreso a esa organización como Estado soberano y con el reconocimiento de la frontera que los separaba de Israel en 1967. Digo que tiene a cuestas una difícil decisión de voto por la presión ejercida por Washington y Tel-Aviv en el tema.

Y es que en el último año han desfilado en el país varios funcionarios israelíes haciendo “lobby”, advirtiéndonos de la gran amenaza de Irán y su absoluta razón sobre el tema de Palestina. Dorit Shavit y Daniel Ayalon han sido algunos de estos funcionarios que ven a El Salvador como un eslabón más en una gran cadena de naciones que deben ser “orientadas” para que tomen una decisión correcta el próximo 20 de septiembre. Países latinoamericanos como Chile, Uruguay, Argentina y Brasil han manifestado con antelación y con pleno ejercicio de su soberanía y autodeterminación que sí van a reconocer a Palestina con las fronteras del 67 manteniéndose fieles a su pasado histórico, rico en inmigración árabe y pese a las peticiones de Israel.

Por qué no también El Salvador apoya esta causa que a todas luces constituye una proclama de libertad en Oriente Medio. Desde hace más de medio siglo la patria judía ha venido invadiendo territorio y construyendo infraestructura de forma ilegal e inmoral en Palestina, violando resoluciones de la ONU y tratados como el de Oslo (1993), fundamentándose en su “derecho divino” de ser el pueblo elegido por Dios como lo dice el Antiguo Testamento. Visión opuesta a la religión y cultura salvadoreña, la mayoría de ciudadanos –sean evangélicos o católicos– profesan el cristianismo y creen que Jesucristo vino a la tierra para implementar el Nuevo Testamento y desechar el Antiguo.

El Salvador nunca ha tenido raíces judeocristianas, prueba de ello fuimos colonizados por españoles. El poder político y armamentista de Israel es grandioso en Oriente Medio, en Occidente cuenta con una gran maquinaria mediática capaz de cambiar y crear significados a conveniencia geoestratégica.

No será fácil la decisión que deberá tomar el ministro Hugo Martínez, para ello sin duda ha tomado en cuenta los siguientes factores: nuestra dependencia económica de las remesas, la unión indisoluble de Estados Unidos e Israel, el TPS como elemento de castigo, la presión hegemónica y la presión internacional en favor de Palestina. Me parece tragicómica la consigna que en los últimos días se utiliza con relación al caso de los militares mata curas, se dice que es una “injerencia española” pero le pregunto a usted, lector, ¿cuánta injerencia política, militar y económica hemos tenido de Washington y Tel Aviv? Y de esa nadie habla.

* Esta columna fue publicada por primera vez el 21/8/ 2011 en La Prensa Gráfica

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